El Hombre que volvió portátil el fuego
El invento del fuego nos sacó de las cavernas, pero, ¿cómo producían fuego antes de las cerrilas o fósforos? Tal vez el fuego primario se realizaba frotando dos palos o piedras insistentemente, hasta que la llama saltara a la vista, cosa bastante tediosa!
Los primeros antecedentes que se tienen de este invento se remontan a Egipto, en el año 3500 A.de.C. Éstos eran palitos de madera de pino impregnados de azufre que se encendían al contacto con una chispa.
Posteriormente del azufre se pasó al fósforo. En muchos países y por muchos años se le ha denominado a este invento cerilla.

Las primeras cerillas de fricción fueron inventadas hacia 1827.
Con todo y la comodidad que éstas implicaban para tener fuego al alcance de la mano, encenderlas no carecía de riesgo: una humareda salpicada por un chisporroteo que se extinguía y que recomenzaba de improviso o un súbito estallido daba anuncio de que el invento no estaba del todo acabado, y quizá fuera la razón para que se las conociera como “luciferes“.
El peligro al fin acabó gracias al Industrial y científico sueco Johan Edvard Lundström quien inventó las cerillas de seguridad (denominadas originariamente “suecas”), en las que el fósforo rojo, dispuesto sobre una superficie de frotación, está separado del agente oxidante principal (clorato de potasio), que constituye la cabeza de la cerilla junto con otros combustibles menos vivos.
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